Este es un relato que escribí para publicarlo en otro lugar hace ya tiempo.
Me gustaba el relato pero había una parte que me chirriaba bastante. Al final salió publicado así, pero me seguía incomodando esa parte que no encajaba; la parte del ritual en sí, durante el encuentro de los dos amantes el lenguaje empleado me parecía forzado y muy estereotipado, con muchos recursos que por lo general odio, así que decidí reescribir esa parte borrando todas esas descripciones excesivamente cursis y cambiándolas por algo acorde con mi forma de expresarme, algo que fluyera de forma más natural, y entonces las palabras salieron de un tirón y el resultado, bajo mi punto de vista, fue mucho mejor. Ahora la historia ya forma un todo completo, sin baches ni tirones.
Espero que la historia os guste tanto como a mi, y que, aunque breve, sea suficiente para que de buen grado y a modo de afecto hacia ellos compartáis el peso que cae sobre los hombros de los personajes.

EL RITUAL DE LA LUNA DE SANGRE

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El oni se paró un instante a contemplar la luna llena de color rojo que se elevaba en el cielo nocturno. Solo fue un momento pues no podía permitirse el lujo de perder el rastro del muchacho. Había demasiado en juego y sentía que ya estaba cerca pues el dolor que le desgarraba desde la misma base de sus cuernos le estaba enloqueciendo.
Pensó en adoptar su forma animal, para que su olfato se afinara aún más, pero necesitaba llegar a él en forma humana o no serviría de nada. Esta vez no podía fracasar, necesitaba ese alma antes de que la Luna de Sangre se ocultara.
Quería ser libre y nada se lo impediría.
***
El muchacho aceleró el paso, todo dependía de que consiguiera llegar al templo. Sus pies descalzos estaban ensangrentados y la túnica ligera que le cubría incluso la cabeza no era demasiada protección contra los espinos a través de los que ahora intentaba pasar.
Pero ya podía ver el Templo a lo lejos. Apretó los dientes, intentando olvidar el dolor, las espinas que iban lacerando su cuerpo y la sangre que teñía su túnica de un rojo tan intenso como el de la luna llena que vigilaba sus pasos desde el cielo.
***
El templo era, en realidad, un recinto pequeño de forma ligeramente ovalada. En el centro se alzaba una gran roca con unos extraños grabados y a sus pies yacía una losa de piedra adornada con diversos símbolos.
Como protegiendo la losa y la roca, cinco inmensas columnas distribuídas en semicírculo se elevaban orgullosas como queriendo llegar al cielo. Enfrente de las columnas, y a los pies de la losa, dos inmensos tapices colgaban suspendidos del aire: como si flotaran.
***
El oni vio el templo a los lejos y supo lo que el muchacho se proponía. Estúpido niño, ningún templo le protegería de un oni y menos de uno tan poderoso como él y tan resuelto a cumplir su misión.
***
La puerta del templo se abrió de golpe y el muchacho cayó al suelo. Intentó levantarse pero no tenía fuerzas, así que se arrastró hasta quedar junto a la losa de piedra, dejando tras de sí un camino de sangre.
***
El oni se detuvo a la puerta del templo, y observó al muchacho caído, mientras el dolor que le infligían sus cuernos se hacía insoportable y notaba a su vez como una repentina excitación se apoderaba de él hasta provocarle un dolor palpitante y una urgencia por buscar alivio a dicho dolor, que era imposible resistir.
Sabía lo que debía hacer ahora para dejar de sufrir ese infierno, para apoderarse de ese alma y ser libre, al fin.
Caminó despacio hacia el interior del templo emitiendo un sonido ronco y gutural, una alarido salvaje y animal.
***
El muchacho respiró aliviado viendo al oni avanzar hacia el interior del templo. Extendió su mano hasta tocar la gran roca y las puertas se cerraron atrapándolos a ambos en el interior.
Sintió entonces como la furia del oni invadía todo su cuerpo y sonrió.
Se puso en pie, y bajando primero la capucha de su túnica se desprendió de ella dejando a la vista un cuerpo menudo y delicado de mujer.
Su cuerpo era hermoso y sus curvas perfectas, con unos pechos pequeños que se erguían orgullosos. La piel parecía tener el suave tacto del terciopelo y su rostro era tan delicado como la más hermosa porcelana.
Un largo cabello negro y sedoso enmarcaba sus facciones, dando al conjunto un aspecto sobrenatural.


***
El oni lanzó un rugido de rabia capaz de helar la sangre. Ahora solo era un animal acorralado que sabía que no tenía escapatoria. Por eso, cuando cinco sogas de color rojo salieron disparadas de cada una de las columnas atrapándole por los tobillos, las muñecas y el cuello y arrastrándole hasta el centro del templo supo que ya nada podía hacer.
Como un cachorrito indefenso no opuso resistencia cuando su cuerpo encajó perfectamente en el círculo lleno de símbolos dibujado en el suelo y las sogas se tensaron dejándole inmóvil con las piernas y los brazos separados.
***
Una luz roja invadió el templo: la luz entraba por un pequeño orificio en el techo e inundaba toda la estancia con el embrujo y el poder de la Luna de Sangre. 


***
Mitsuki caminó con lentitud hasta colocarse a los pies de la gran roca, situándose encima de la losa de piedra y mirando fijamente al oni atrapado en el suelo.
A medida que la luz tocaba el cuerpo de Mitsuki los cortes y rasguños que había en el iban desapareciendo. Ahora ella esperaba pacientemente la llegada de su amado.
Cuando sintió la caricia en su hombro de una mano cuyo tacto conocía tan bien como el de su propia piel, su sonrisa se hizo aún más amplia, iluminando todo su rostro.
No se volvió a mirarle, le bastó con sentirlo a su lado.
Mitsuki alzó una mano y los cinco samuráis de sombra salieron del interior de cada una de las cinco columnas.
Mitsuki sentía el calor del cuerpo desnudo de su esposo Takeshi, pegado a su espalda, aprisionándola en un abrazo del cual nunca querría escapar.
Era el momento y ambos lo sabían, la erección del miembro de Takeshi que notaba presionando su espalda lo confirmaba. 


***
Las sogas que aprisionaban el cuerpo del oni se tensaron más aún comenzando a desgarrar carne y músculo hasta que el oni profirió un último grito aterrador. 

Como si eso fuera una señal, los cinco samuráis de sombra desenvainaron sus katanas y actuando como una sola mente cercenaron de un solo golpe lo poco que seguía uniendo las extremidades al cuerpo del oni.
La sangre del oni salió disparada hacia el techo como una fuente, queriendo ir al encuentro de la Luna de Sangre, pero inmediatamente volvió a caer en forma de lluvia, empapando los cuerpos desnudos de los dos esposos.
***
Del cuerpo del oni salió una pequeña nube roja que se mantuvo elevada e inmóvil sobre las cabezas de Mitsuki y Takeshi. Era el alma del oni que esperaba el momento de poder volver a reunirse con su cuerpo.
No había ni un segundo que perder. Takeshi giró a Mitsuki aprisionando la boca de su esposa con la suya. Mitsuki respondió al beso con una pasión fruto de una larga espera. Deseaba a Takeshi con toda su alma, cada milímetro de su piel anhelaba el roce del cuerpo de su amado.
Takeshi liberó su boca para comenzar a lamer todo su cuerpo, recreándose en cada centímetro de piel cubierta de sangre del oni. Se deleitaba con cada rincón, en el nacimiento de sus pechos, en la dulzura de ese fruto delicioso que eran sus pezones.
Recorría con la lengua la línea de su vientre mientras escuchaba sus gemidos y se detenía en su ombligo jugueteando en el mientras Mitsuki enredaba los dedos en el cabello de él y le obligaba a separarse de ella.
Takeshi se dejó hacer, pues sabía lo que venía a continuación, estaba a punto de estallar de pura excitación. Mitsuki empujó a Takeshi tumbándolo de espaldas en el suelo y sentándose a horcajadas sobre él.
Subió por su cuerpo cubriéndolo de caricias, recorriéndolo con los ojos cerrados, como un camino que a fuerza de andarlo acabas conociendo de memoria.
Se demoró cuanto pudo para disfrutar del sendero hasta su boca y entonces unió sus labios con los de él mientras ajustaba su cuerpo sobre el de Takeshi, buscando su pelvis, obligándolo a entrar en su interior y permanecer unidos como un solo ser.
Takeshi emitió un intenso gemido y Mitsuki, ciega de pasión, comenzó a aumentar el ritmo de sus caderas.
Ambos cuerpos se movían como uno solo, estaban hechos para complementarse, para encajar uno en el otro y no separarse jamás. Y algún día estarían juntos para siempre. 

El placer de los esposos llegó a su culminación y ambos permanecieron unidos en un abrazo completo, saboreando ese momento y sabiendo lo que ocurriría a continuación.
***
El alma del oni, la nube roja que había estado suspendida en el aire, estalló desapareciendo instantáneamente mientras el cuerpo desmembrado se convertía en polvo y los cinco samuráis de sombra se retiraban al interior de sus columnas.
Todo quedó en silencio, la luz roja de la Luna de Sangre, que antes inundaba el templo fue desapareciendo según el día reclama su puesto a la noche.
Los esposos se miraron, ya habían pasado por esto cuatro veces incluyendo esta última. Solo una vez más, se dijeron mientras sus ojos se empañaban por las lágrimas, solo una vez más y seremos libres.
Se pusieron de pie resistiéndose a la separación pero sabiendo que era inevitable. Cada doscientos años aparecía la Luna de Sangre. 

Cada doscientos años tenía lugar el ritual y después de haberlo llevado a cabo en cinco ocasiones la maldición llegaría a su fin.
Solo una vez más, se dijeron con los ojos.
Mitsuki entró en el tapiz de la derecha transformándose inmediatamente en el dibujo de una bella garza. 

Takeshi caminó hacia el tapiz de la izquierda y se convirtió en la imagen de un poderoso dragón. Doscientos años y la garza y el dragón se encontrarían una vez más para estar juntos.
Esta vez, para siempre.

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