Este es un relato que escribí para publicarlo en otro lugar hace ya tiempo.
Me gustaba el relato pero había una parte que me chirriaba bastante. Al final salió publicado así, pero me seguía incomodando esa parte que no encajaba; la parte del ritual en sí, durante el encuentro de los dos amantes el lenguaje empleado me parecía forzado y muy estereotipado, con muchos recursos que por lo general odio, así que decidí reescribir esa parte borrando todas esas descripciones excesivamente cursis y cambiándolas por algo acorde con mi forma de expresarme, algo que fluyera de forma más natural, y entonces las palabras salieron de un tirón y el resultado, bajo mi punto de vista, fue mucho mejor. Ahora la historia ya forma un todo completo, sin baches ni tirones.
Espero que la historia os guste tanto como a mi, y que, aunque breve, sea suficiente para que de buen grado y a modo de afecto hacia ellos compartáis el peso que cae sobre los hombros de los personajes.

EL RITUAL DE LA LUNA DE SANGRE

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El oni se paró un instante a contemplar la luna llena de color rojo que se elevaba en el cielo nocturno. Solo fue un momento pues no podía permitirse el lujo de perder el rastro del muchacho. Había demasiado en juego y sentía que ya estaba cerca pues el dolor que le desgarraba desde la misma base de sus cuernos le estaba enloqueciendo.
Pensó en adoptar su forma animal, para que su olfato se afinara aún más, pero necesitaba llegar a él en forma humana o no serviría de nada. Esta vez no podía fracasar, necesitaba ese alma antes de que la Luna de Sangre se ocultara.
Quería ser libre y nada se lo impediría.
***
El muchacho aceleró el paso, todo dependía de que consiguiera llegar al templo. Sus pies descalzos estaban ensangrentados y la túnica ligera que le cubría incluso la cabeza no era demasiada protección contra los espinos a través de los que ahora intentaba pasar.
Pero ya podía ver el Templo a lo lejos. Apretó los dientes, intentando olvidar el dolor, las espinas que iban lacerando su cuerpo y la sangre que teñía su túnica de un rojo tan intenso como el de la luna llena que vigilaba sus pasos desde el cielo.
***
El templo era, en realidad, un recinto pequeño de forma ligeramente ovalada. En el centro se alzaba una gran roca con unos extraños grabados y a sus pies yacía una losa de piedra adornada con diversos símbolos.
Como protegiendo la losa y la roca, cinco inmensas columnas distribuídas en semicírculo se elevaban orgullosas como queriendo llegar al cielo. Enfrente de las columnas, y a los pies de la losa, dos inmensos tapices colgaban suspendidos del aire: como si flotaran.
***
El oni vio el templo a los lejos y supo lo que el muchacho se proponía. Estúpido niño, ningún templo le protegería de un oni y menos de uno tan poderoso como él y tan resuelto a cumplir su misión.
***
La puerta del templo se abrió de golpe y el muchacho cayó al suelo. Intentó levantarse pero no tenía fuerzas, así que se arrastró hasta quedar junto a la losa de piedra, dejando tras de sí un camino de sangre.
***
El oni se detuvo a la puerta del templo, y observó al muchacho caído, mientras el dolor que le infligían sus cuernos se hacía insoportable y notaba a su vez como una repentina excitación se apoderaba de él hasta provocarle un dolor palpitante y una urgencia por buscar alivio a dicho dolor, que era imposible resistir.
Sabía lo que debía hacer ahora para dejar de sufrir ese infierno, para apoderarse de ese alma y ser libre, al fin.
Caminó despacio hacia el interior del templo emitiendo un sonido ronco y gutural, una alarido salvaje y animal.
***
El muchacho respiró aliviado viendo al oni avanzar hacia el interior del templo. Extendió su mano hasta tocar la gran roca y las puertas se cerraron atrapándolos a ambos en el interior.
Sintió entonces como la furia del oni invadía todo su cuerpo y sonrió.
Se puso en pie, y bajando primero la capucha de su túnica se desprendió de ella dejando a la vista un cuerpo menudo y delicado de mujer.
Su cuerpo era hermoso y sus curvas perfectas, con unos pechos pequeños que se erguían orgullosos. La piel parecía tener el suave tacto del terciopelo y su rostro era tan delicado como la más hermosa porcelana.
Un largo cabello negro y sedoso enmarcaba sus facciones, dando al conjunto un aspecto sobrenatural.


***
El oni lanzó un rugido de rabia capaz de helar la sangre. Ahora solo era un animal acorralado que sabía que no tenía escapatoria. Por eso, cuando cinco sogas de color rojo salieron disparadas de cada una de las columnas atrapándole por los tobillos, las muñecas y el cuello y arrastrándole hasta el centro del templo supo que ya nada podía hacer.
Como un cachorrito indefenso no opuso resistencia cuando su cuerpo encajó perfectamente en el círculo lleno de símbolos dibujado en el suelo y las sogas se tensaron dejándole inmóvil con las piernas y los brazos separados.
***
Una luz roja invadió el templo: la luz entraba por un pequeño orificio en el techo e inundaba toda la estancia con el embrujo y el poder de la Luna de Sangre. 


***
Mitsuki caminó con lentitud hasta colocarse a los pies de la gran roca, situándose encima de la losa de piedra y mirando fijamente al oni atrapado en el suelo.
A medida que la luz tocaba el cuerpo de Mitsuki los cortes y rasguños que había en el iban desapareciendo. Ahora ella esperaba pacientemente la llegada de su amado.
Cuando sintió la caricia en su hombro de una mano cuyo tacto conocía tan bien como el de su propia piel, su sonrisa se hizo aún más amplia, iluminando todo su rostro.
No se volvió a mirarle, le bastó con sentirlo a su lado.
Mitsuki alzó una mano y los cinco samuráis de sombra salieron del interior de cada una de las cinco columnas.
Mitsuki sentía el calor del cuerpo desnudo de su esposo Takeshi, pegado a su espalda, aprisionándola en un abrazo del cual nunca querría escapar.
Era el momento y ambos lo sabían, la erección del miembro de Takeshi que notaba presionando su espalda lo confirmaba. 


***
Las sogas que aprisionaban el cuerpo del oni se tensaron más aún comenzando a desgarrar carne y músculo hasta que el oni profirió un último grito aterrador. 

Como si eso fuera una señal, los cinco samuráis de sombra desenvainaron sus katanas y actuando como una sola mente cercenaron de un solo golpe lo poco que seguía uniendo las extremidades al cuerpo del oni.
La sangre del oni salió disparada hacia el techo como una fuente, queriendo ir al encuentro de la Luna de Sangre, pero inmediatamente volvió a caer en forma de lluvia, empapando los cuerpos desnudos de los dos esposos.
***
Del cuerpo del oni salió una pequeña nube roja que se mantuvo elevada e inmóvil sobre las cabezas de Mitsuki y Takeshi. Era el alma del oni que esperaba el momento de poder volver a reunirse con su cuerpo.
No había ni un segundo que perder. Takeshi giró a Mitsuki aprisionando la boca de su esposa con la suya. Mitsuki respondió al beso con una pasión fruto de una larga espera. Deseaba a Takeshi con toda su alma, cada milímetro de su piel anhelaba el roce del cuerpo de su amado.
Takeshi liberó su boca para comenzar a lamer todo su cuerpo, recreándose en cada centímetro de piel cubierta de sangre del oni. Se deleitaba con cada rincón, en el nacimiento de sus pechos, en la dulzura de ese fruto delicioso que eran sus pezones.
Recorría con la lengua la línea de su vientre mientras escuchaba sus gemidos y se detenía en su ombligo jugueteando en el mientras Mitsuki enredaba los dedos en el cabello de él y le obligaba a separarse de ella.
Takeshi se dejó hacer, pues sabía lo que venía a continuación, estaba a punto de estallar de pura excitación. Mitsuki empujó a Takeshi tumbándolo de espaldas en el suelo y sentándose a horcajadas sobre él.
Subió por su cuerpo cubriéndolo de caricias, recorriéndolo con los ojos cerrados, como un camino que a fuerza de andarlo acabas conociendo de memoria.
Se demoró cuanto pudo para disfrutar del sendero hasta su boca y entonces unió sus labios con los de él mientras ajustaba su cuerpo sobre el de Takeshi, buscando su pelvis, obligándolo a entrar en su interior y permanecer unidos como un solo ser.
Takeshi emitió un intenso gemido y Mitsuki, ciega de pasión, comenzó a aumentar el ritmo de sus caderas.
Ambos cuerpos se movían como uno solo, estaban hechos para complementarse, para encajar uno en el otro y no separarse jamás. Y algún día estarían juntos para siempre. 

El placer de los esposos llegó a su culminación y ambos permanecieron unidos en un abrazo completo, saboreando ese momento y sabiendo lo que ocurriría a continuación.
***
El alma del oni, la nube roja que había estado suspendida en el aire, estalló desapareciendo instantáneamente mientras el cuerpo desmembrado se convertía en polvo y los cinco samuráis de sombra se retiraban al interior de sus columnas.
Todo quedó en silencio, la luz roja de la Luna de Sangre, que antes inundaba el templo fue desapareciendo según el día reclama su puesto a la noche.
Los esposos se miraron, ya habían pasado por esto cuatro veces incluyendo esta última. Solo una vez más, se dijeron mientras sus ojos se empañaban por las lágrimas, solo una vez más y seremos libres.
Se pusieron de pie resistiéndose a la separación pero sabiendo que era inevitable. Cada doscientos años aparecía la Luna de Sangre. 

Cada doscientos años tenía lugar el ritual y después de haberlo llevado a cabo en cinco ocasiones la maldición llegaría a su fin.
Solo una vez más, se dijeron con los ojos.
Mitsuki entró en el tapiz de la derecha transformándose inmediatamente en el dibujo de una bella garza. 

Takeshi caminó hacia el tapiz de la izquierda y se convirtió en la imagen de un poderoso dragón. Doscientos años y la garza y el dragón se encontrarían una vez más para estar juntos.
Esta vez, para siempre.

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Antes de nada queria hacer un par de aclaraciones. La primera es que “La Nada” no es realmente un relato, es un texto bastante breve, pero que sí encierra una historia.
La segunda aclaración tiene que ver con algo que me ocurrió cuando publiqué “La Nada” por primera vez en otra web ajena a este blog. Entre los comentarios que recibí, varios mostraban comprensión por el mal momento que debía estar pasando y me enviaban su ánimo para recuperarme de ese estado depresivo. A mi aquello me dejó descolocada, no entendía nada hasta que me di cuenta de lo que ocurría. La gente identificaba lo que había escrito en “La Nada” como si fueran mis pensamientos, como si yo fuera la que se sentía como el protagonista de ese texto, aunque dicho protagonista es másculino y por el texto se sobreentienda que ni siquiera es humano. Eso es algo que hasta el día de hoy me cuesta entender, no comprendo el motivo por el que la gente cree que cuando escribes algo eso no es ficción si no tu yo real. El motivo por el que no acabo de entenderlo es porque me parece tan absurdo como pensar que Bret Easton Ellis es clavadito a su personaje de American Psycho y tiene como hobby matar y torturar mujeres, o como que William Blatty se dedicaba a hacer exorcismos en su tiempo libre.
Por eso, para los lectores que puedan caer en está página, queda hecha la aclaración y sin más os dejo con el texto.

 

LA NADA

 

He muerto, o al menos así lo siento.
Mi alma esta corrompida y mi espíritu yace pisoteado en un pedazo de sucio suelo.
Mi corazón late pero con cada latido desaparece mi vida.
Nada puedo decir.
Nada puedo hacer.
Tal vez si revivo una vez mas pueda volver a empezar.
Tal vez la próxima vez no muera.
Tal vez…
¿Cómo empezó todo?
¿Qué originó esta muerte, esta ruleta de destrucción eterna?
Ya ni siquiera puedo recordarlo.
Al principio dolía, pero ahora mi corazón esta seco de esperanza, seco de sentimientos.
Quizás sea mejor así.
Tal vez sea mejor no sentir.
Tan solo dejarse ir.
Desaparecer.
Nada soy, nada en absoluto y tal vez el poder reconocerlo haga que la espiral cese.
Ahora no quiero estar vivo, no quiero estar muerto, solo quiero no estar.
Tu tienes la llave.
Tu puedes terminar con mi agonía.
Muchos me temen por lo que soy. Pero la mayoría quisieran ser como yo.
Adoran mi belleza y la perfección de mi cuerpo. El negro profundo de mis ojos les hipnotiza y morirían por mi.
Puedo tener cuanto desee de este mundo excepto aquello que realmente deseo.
Solo tu puedes ver el monstruo que hay en mi.
Solo tu puedes ponerle fin.
Si eres lo único que anhelo y lo único que me está prohibido.
Si eres el latido de mi corazón y la destrucción de mi alma.
Muéstrame el cielo un instante y luego arrójame al infierno para siempre.
Dame esa nada que necesito.
Conviérteme para siempre en esa nada que soy.

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Si hay algo que odio de las fiestas navideñas es el consumismo masivo y uno de los grandes templos de dicho consumismo son los centros comerciales. No me gustan las aglomeraciones de gente en lugares cerrados y los centros comerciales en periodo navideño son la peor pesadilla de alguien como yo. Es precisamente en una situación así donde se me ocurrio este relato, en ese momento me sirvió para superar el trance en el que me encontraba. Espero que si tu odias tanto como yo estas situaciones puedas al menos sonreir leyendo esto.

COMPRAS NAVIDEÑAS

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La Navidad. Esa maravillosa época del año en la que aumentan los suicidios, las parejas se separan porque al estar mas tiempo juntas se dan cuenta de que no se soportan, se dan las reuniones familiares que acaban en masacres y se nota aún más la ausencia de aquellos seres queridos que se fueron.

No penséis que soy una amargada. Bueno, quizás tenga un carácter un tanto huraño. Reconozco que no me gusta la gente, así en general, de hecho odio a la gente cuando se encuentran en gran número y la odio aún más si están dentro de recintos cerrados y yo me encuentro en ellos.

Dicho esto comprenderéis porqué cuando recibí la llamada de mi hermana Eva, con su dulce voz llena de alegría, noté como un puño hundiéndose en mi estómago. Y cuando dijo las palabras mágicas “Venga Nana, vamos de compras”, el puño se abrió paso por mis tripas aún más destrozando las pocas esperanzas que tenía de librarme de una tarde de compras navideñas.

Si a esto le sumamos que era mi primer día libre en dos meses y medio, justo el tiempo que llevo trabajando en Lares S.L., que no tendría otro libre hasta dentro de otros tres meses y que este tenía planeado pasarlo despanzurrada en el sofá, comiendo cacahuetes y bebiendo zumo de piña a toneladas mientras me tragaba episodio tras episodio de alguna serie en la que hubiera descuartizamientos a mansalva, entenderéis la putada que me estaba haciendo mi hermanita.

Pensaréis que podría haberme negado a ir, pero eso es porque no conocéis a Eva. Es la mujer perfecta y lo digo en serio. Es guapa a rabiar, de hecho es tan despampanante que todos se vuelven al verla pasar. Algunos para babear, otras para ponerse verdes de envidia. Y cuando ella te habla y te pide algo no puedes negarte, sencillamente haces lo que ella quiere. Es un don del que yo creo que ni ella es consciente, pero lo tiene. También tiene un defecto, es absolutamente incapaz de resistirse a tirarse todo lo que se menea. En realidad le pierden los hombres, bueno le pierde una parte de su anatomía en concreto. Si conoce a un tipo le mira fijamente al paquete, supongo que para intentar averiguar si el bulto que se adivina dentro del pantalón es digno de sus atenciones, que por lo general suele ser que sí.

No me entendáis mal, no le reprocho nada, es solo que a veces ese hobby suyo es muy agobiante porque intenta que yo siga su camino y a día de hoy no he conseguido hacerle entender que yo no comparto esa fijación por los genitales masculinos que tiene ella. No para de intentar organizarme citas a ciegas con compañeros de trabajo, de las que yo me escabullo siempre. Pero se que lo hace con buena intención, el problema es que equivoca el objetivo. También odio que me llame Nana, pero me he cansado de decirle, sin obtener ningún éxito, que prefiero que me llame Ana, que Nana suena a perro de lanas. Así que tengo asumido que para Eva seré Nana hasta el fin de mis días.

Pero adoro a mi hermana y además es la única persona que tengo en el mundo. Somos mellizas y llevamos juntas en esto de la vida desde el principio. Aunque no nos parecemos en nada, ni físicamente ni en carácter ni en intereses, en nada. A veces dudo si mi madre no hizo algún trío aquella noche y cada una de nosotras salió del espermatozoide de un tipo diferente. Es algo que no sabré nunca porque mi madre tuvo la genial idea de dejarnos a la puerta de Arpa Corp. el mismo día que nacimos.

El caso es que aquí me tenéis, en un enorme centro comercial con el prototipo de rubia californiana de peli surfera siempre feliz tirando de mi por pasillos atestados de gente de todo tipo. La megafonía del centro comercial está en nivel destroza tímpanos, reproduciendo villancicos interpretados por vocecillas chillonas o gatos chillando en sus últimos estertores de muerte. Al sonido ambiental se le suman niños gritones corriendo y tocándolo todo sin que se atisbe a sus progenitores a 50 metros a la redonda. Hay hombres cargados de bolsas mientras sus mujeres les gritan porque no han sido lo suficientemente rápidos en admirar cierta prenda que les quedaría de maravilla. Mujeres tristes y amargadas que miran con envidia a otras mujeres que ocultan bajo pieles, kilos de maquillaje y joyas lo tristes y amargadas que son.

Eva vuelve a tirar de mí hacia la izquierda para entrar en el pasillo de los perfumes. El tufo que desprenden tantos perfumes juntos es terrible. No sé como todas esas mujeres son capaces de aguantar esa mezcla de olores mientras prueban uno tras otro en delgadas tiras de papel. Necesitaría oler café urgentemente para sacarme ese pestazo de la nariz, así que miro a Eva con mis ojos de cachorrito abandonado y surte efecto porque la veo avanzar con rapidez hasta el estante donde está el perfume que usa siempre, y el único que yo soporto, coge una de las cajitas con el frasco más grande y salimos disparadas de allí.

Pero al salir de ese pasillo, el olor no mejora, de hecho empeora. Una mezcla de hedor a sudor, cieno, suciedad y putrefacción se apodera del ambiente. Le hago un gesto a Eva y ella lo entiende a la primera. Echa a correr hacia la zona de herramientas y yo la sigo. No tardo mucho en ver al primero. Aparece tambaleándose entre los estantes llenos de espumillón y adornos navideños.

Los de Arpa Corp se han vuelto a dejar la puerta abierta. Alguien debería hacer algo con esos problemas de seguridad que tienen. No pasa una semana sin que algo que habita en las instalaciones de Arpa Corp salga por la calles de la ciudad a darse un paseito. Pero bien mirado si no fuera por eso yo no tendría trabajo.

Mientras me pierdo en cavilaciones el engendro ha ido avanzando y han comenzado a salir más desde todas las entradas del centro comercial. Deben de haber llegado por los túneles que comunican con el parking.

Cojo un hacha bastante maja que he encontrado en la sección de herramientas y le cerceno el cuello de un golpe. Hace un mes tendría que haberlo hecho en al menos tres intentos pero la práctica perfecciona y ahora soy capaz de decapitarlos a la primera. Además su columna es más frágil que las nuestras. Decapitar a una persona costaría mucho más pero a estos bicharracos con un impacto un poco contundente se les parte el cuello como si fuera cristal. Como además su carne está putrefacta no opone demasiada resistencia a algo con filo.

El podrido cae al suelo y su cabeza no se bien donde va a parar pero por si acaso agarro a Eva y ahora soy yo quien la arrastra por los pasillos. La meto de un empujón en los probadores donde se han escondido ya varias personas y los atranco arrastrando varios muebles expositores. No podrán salir pero al menos los apestosos tampoco podrán entrar.

Camino por los pasillos intentando guiarme por el tufo para localizarlos pero el olor ya invade todo el centro comercial lo que significa que la cosa se está poniendo fea.

Cruzo pasillos usando el hacha. Caen cabezas con relativa facilidad, me gusta el hacha, pesa un montón pero gracias a eso el golpe es más contundente. La gente que voy encontrado la dirijo hacia la zona despejada y van ocupando los probadores que aún quedan abiertos. Y ellos mismos bloquean la entrada. Buenos chicos.

Ahora intento hacer memoria para recordar quien estaba de turno hoy y entonces la veo. Sacha.
Sacha es…, no sé como decirlo. Sacha es esa diosa inalcanzable que protagoniza mis sueños más tórridos. Lamentablemente se comporta exactamente así, como una diosa frígida, sanguinaria y altiva. Que yo sepa no habla mucho, no intima con nadie y no soporta que alguien cometa el más mínimo error. Todo el que se ha atrevido a insinuarse con mayor o menor descaro ha salido escaldado y frecuentemente con alguna pieza dental menos. Pero en mi mundo onírico mando yo y allí ella es mía. Aunque esto debe seguir siendo un secreto entre vosotros y yo.

Sacha con su largo cabello rubio ondeando suavemente con cada movimiento reparte hostias a diestro y siniestro. Cercena cabezas, pisotea cuerpos, agarra aterrados clientes y los lanza fuera de los dientes del podrido que les tiene acorralado. Y lo hace todo como si fuera una danza, sin siquiera despeinarse.

Mientras tanto yo también reparto lo mío. Debo de haberme cargado unos treinta pero no dejan de llegar. Seguramente lleguen refuerzos pronto, porque David, que estaba de guardia con Sacha, ha debido de avisar ya. Así que se trata de despejar la zona de clientes y eliminar a todos los podridos que podamos antes de que lleguen los de la Brigada de Desinfección.

He conseguido mantener mi zona limpia a golpe de hacha, no se puede decir lo mismo de mi porque estoy hecha un asco. Ahora estoy en lo alto del mostrador donde han colocado el árbol de Navidad y desde aquí tengo una vista completa del centro comercial. No se ve entrar más engendros y los pasillos están despejados, los clientes que quedan y que no han sido masticados deben estar en los probadores. Lo creáis o no los probadores son la zona más segura en estos casos, porque sus paredes están reforzadas y solo tienen una entrada que se puede bloquear fácilmente. Es lo que tiene vivir al lado de Arpa Corp, que uno se toma la seguridad muy en serio.

Estoy cubierta de sangre, nota metal “las hachas son efectivas para cortar cabezas pero terriblemente sucias, salpican en todas direcciones”. A mis pies, justo debajo del mostrador donde estoy subida tengo medio metro de cuerpos y cabezas de podridos apilados. Debo de mostrar una imagen repugnante.

Noto una mirada clavada en mi, miro hacia la derecha y encuentro unos ojos azul claro como el hielo. Mi diosa me está mirando y yo noto como me tiemblan las piernas.
En su boca hay algo que nunca antes había visto.

¡Está sonriendo!

Mi iceberg ruso, mi princesa de hielo me está mirando y sonríe. Como me gustaría pegarme para siempre a ese cuerpo gélido.

He debido de quedarme mirándola como una idiota, por que su sonrisa se ha hecho más amplia y me señala la entrada del almacén. Veo entrar a los de la Brigada de Desinfección. Al pasar a mi lado Eric me da un cachete en el culo, me río porque es algo que siempre hace, lo lleva haciendo desde que éramos críos y Eric además es mi único amigo, y uno de los pocos hombres que no se ha pasado por la piedra a Eva. Así que le saco la lengua y el me guiña un ojo. Pero cuando me doy la vuelta Sacha ha desaparecido.

La busco y la veo en el suelo abriendo los cuerpos para sacar los corazones y metiéndolos luego en la Unidad de Conservación. Así que me pongo manos a la obra, me coloco el traje especial, con los guantes incluidos y comienzo a destripar cuerpos. Es curioso ese empeño de Arpa Corp de querer recuperar siempre los corazones de los podridos. Los corazones tienen un color negro brillante y tiemblan ligeramente cuando los coges, como si tuvieran aún vida. Pero es nuestro trabajo y hay que terminarlo antes de poder liberar a los supervivientes de los probadores.

Tengo que preguntarle a Eric si sabe para que quieren esos corazones los de Arpa Corp. Si lo sabe, seguramente me lo dirá y si no siempre podemos hacer conjeturas juntos.

Alguien me da un golpecito en el hombro, miro hacia arriba y veo a Eric que viene a decirme que Eva está bien, aunque le ha dado 10 minutitos más para que termine los asuntos que se traía entre manos con el dependiente de la sección de videojuegos. Todo esto me lo dice aguantando la risa a duras penas. Y yo noto como me arden las mejillas, no lo puedo evitar, esta pequeña afición de Eva me trae de cabeza.

Eric se apiada de mi y me da un beso en la frente. Luego se queda mirando más allá de mi, a algo que hay a mis espaldas, entonces me sonríe, me guiña un ojo y se va.

Me doy la vuelta y me encuentro los ojos de mi reina de hielo clavados en mi. Por mi mente pasan unas cuantas escenas no aptas para menores en las que mi imaginación se desboca y el cuerpo de Sacha echa humo.

Sacha sonríe de nuevo. Dos veces el mismo día, increíble. Se acerca a mi, me roza el hombro con una mano y me susurra al oído, arrastrando las erres con esa voz helada y contenida que me vuelve loca. “Así que quieres derretirme, me encantaría dejarte intentarlo”.

Al final el día no va a acabar tan mal como pensaba. Me gustaría quedarme a charlar con vosotros pero mi témpano de hielo me arrastra de la mano y yo la sigo pacientemente intentando no abalanzarme sobre ella y montar un numerito en medio del centro comercial lleno de vísceras, sangre y cuerpos decapitados. Seguro que hay un sitio mejor para lo que tengo pensado y creo que tardaré en salir de allí. Si al final los de Arpa Corp, se dejan abierta la puerta de la planta -3 donde está esa especie de gran pulpo cabreado que capturaron el mes pasado, no contéis conmigo, tendréis que apañaroslas solitos porque presiento que estaré muy ocupada.

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