Si hay algo que odio de las fiestas navideñas es el consumismo masivo y uno de los grandes templos de dicho consumismo son los centros comerciales. No me gustan las aglomeraciones de gente en lugares cerrados y los centros comerciales en periodo navideño son la peor pesadilla de alguien como yo. Es precisamente en una situación así donde se me ocurrio este relato, en ese momento me sirvió para superar el trance en el que me encontraba. Espero que si tu odias tanto como yo estas situaciones puedas al menos sonreir leyendo esto.

COMPRAS NAVIDEÑAS

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La Navidad. Esa maravillosa época del año en la que aumentan los suicidios, las parejas se separan porque al estar mas tiempo juntas se dan cuenta de que no se soportan, se dan las reuniones familiares que acaban en masacres y se nota aún más la ausencia de aquellos seres queridos que se fueron.

No penséis que soy una amargada. Bueno, quizás tenga un carácter un tanto huraño. Reconozco que no me gusta la gente, así en general, de hecho odio a la gente cuando se encuentran en gran número y la odio aún más si están dentro de recintos cerrados y yo me encuentro en ellos.

Dicho esto comprenderéis porqué cuando recibí la llamada de mi hermana Eva, con su dulce voz llena de alegría, noté como un puño hundiéndose en mi estómago. Y cuando dijo las palabras mágicas “Venga Nana, vamos de compras”, el puño se abrió paso por mis tripas aún más destrozando las pocas esperanzas que tenía de librarme de una tarde de compras navideñas.

Si a esto le sumamos que era mi primer día libre en dos meses y medio, justo el tiempo que llevo trabajando en Lares S.L., que no tendría otro libre hasta dentro de otros tres meses y que este tenía planeado pasarlo despanzurrada en el sofá, comiendo cacahuetes y bebiendo zumo de piña a toneladas mientras me tragaba episodio tras episodio de alguna serie en la que hubiera descuartizamientos a mansalva, entenderéis la putada que me estaba haciendo mi hermanita.

Pensaréis que podría haberme negado a ir, pero eso es porque no conocéis a Eva. Es la mujer perfecta y lo digo en serio. Es guapa a rabiar, de hecho es tan despampanante que todos se vuelven al verla pasar. Algunos para babear, otras para ponerse verdes de envidia. Y cuando ella te habla y te pide algo no puedes negarte, sencillamente haces lo que ella quiere. Es un don del que yo creo que ni ella es consciente, pero lo tiene. También tiene un defecto, es absolutamente incapaz de resistirse a tirarse todo lo que se menea. En realidad le pierden los hombres, bueno le pierde una parte de su anatomía en concreto. Si conoce a un tipo le mira fijamente al paquete, supongo que para intentar averiguar si el bulto que se adivina dentro del pantalón es digno de sus atenciones, que por lo general suele ser que sí.

No me entendáis mal, no le reprocho nada, es solo que a veces ese hobby suyo es muy agobiante porque intenta que yo siga su camino y a día de hoy no he conseguido hacerle entender que yo no comparto esa fijación por los genitales masculinos que tiene ella. No para de intentar organizarme citas a ciegas con compañeros de trabajo, de las que yo me escabullo siempre. Pero se que lo hace con buena intención, el problema es que equivoca el objetivo. También odio que me llame Nana, pero me he cansado de decirle, sin obtener ningún éxito, que prefiero que me llame Ana, que Nana suena a perro de lanas. Así que tengo asumido que para Eva seré Nana hasta el fin de mis días.

Pero adoro a mi hermana y además es la única persona que tengo en el mundo. Somos mellizas y llevamos juntas en esto de la vida desde el principio. Aunque no nos parecemos en nada, ni físicamente ni en carácter ni en intereses, en nada. A veces dudo si mi madre no hizo algún trío aquella noche y cada una de nosotras salió del espermatozoide de un tipo diferente. Es algo que no sabré nunca porque mi madre tuvo la genial idea de dejarnos a la puerta de Arpa Corp. el mismo día que nacimos.

El caso es que aquí me tenéis, en un enorme centro comercial con el prototipo de rubia californiana de peli surfera siempre feliz tirando de mi por pasillos atestados de gente de todo tipo. La megafonía del centro comercial está en nivel destroza tímpanos, reproduciendo villancicos interpretados por vocecillas chillonas o gatos chillando en sus últimos estertores de muerte. Al sonido ambiental se le suman niños gritones corriendo y tocándolo todo sin que se atisbe a sus progenitores a 50 metros a la redonda. Hay hombres cargados de bolsas mientras sus mujeres les gritan porque no han sido lo suficientemente rápidos en admirar cierta prenda que les quedaría de maravilla. Mujeres tristes y amargadas que miran con envidia a otras mujeres que ocultan bajo pieles, kilos de maquillaje y joyas lo tristes y amargadas que son.

Eva vuelve a tirar de mí hacia la izquierda para entrar en el pasillo de los perfumes. El tufo que desprenden tantos perfumes juntos es terrible. No sé como todas esas mujeres son capaces de aguantar esa mezcla de olores mientras prueban uno tras otro en delgadas tiras de papel. Necesitaría oler café urgentemente para sacarme ese pestazo de la nariz, así que miro a Eva con mis ojos de cachorrito abandonado y surte efecto porque la veo avanzar con rapidez hasta el estante donde está el perfume que usa siempre, y el único que yo soporto, coge una de las cajitas con el frasco más grande y salimos disparadas de allí.

Pero al salir de ese pasillo, el olor no mejora, de hecho empeora. Una mezcla de hedor a sudor, cieno, suciedad y putrefacción se apodera del ambiente. Le hago un gesto a Eva y ella lo entiende a la primera. Echa a correr hacia la zona de herramientas y yo la sigo. No tardo mucho en ver al primero. Aparece tambaleándose entre los estantes llenos de espumillón y adornos navideños.

Los de Arpa Corp se han vuelto a dejar la puerta abierta. Alguien debería hacer algo con esos problemas de seguridad que tienen. No pasa una semana sin que algo que habita en las instalaciones de Arpa Corp salga por la calles de la ciudad a darse un paseito. Pero bien mirado si no fuera por eso yo no tendría trabajo.

Mientras me pierdo en cavilaciones el engendro ha ido avanzando y han comenzado a salir más desde todas las entradas del centro comercial. Deben de haber llegado por los túneles que comunican con el parking.

Cojo un hacha bastante maja que he encontrado en la sección de herramientas y le cerceno el cuello de un golpe. Hace un mes tendría que haberlo hecho en al menos tres intentos pero la práctica perfecciona y ahora soy capaz de decapitarlos a la primera. Además su columna es más frágil que las nuestras. Decapitar a una persona costaría mucho más pero a estos bicharracos con un impacto un poco contundente se les parte el cuello como si fuera cristal. Como además su carne está putrefacta no opone demasiada resistencia a algo con filo.

El podrido cae al suelo y su cabeza no se bien donde va a parar pero por si acaso agarro a Eva y ahora soy yo quien la arrastra por los pasillos. La meto de un empujón en los probadores donde se han escondido ya varias personas y los atranco arrastrando varios muebles expositores. No podrán salir pero al menos los apestosos tampoco podrán entrar.

Camino por los pasillos intentando guiarme por el tufo para localizarlos pero el olor ya invade todo el centro comercial lo que significa que la cosa se está poniendo fea.

Cruzo pasillos usando el hacha. Caen cabezas con relativa facilidad, me gusta el hacha, pesa un montón pero gracias a eso el golpe es más contundente. La gente que voy encontrado la dirijo hacia la zona despejada y van ocupando los probadores que aún quedan abiertos. Y ellos mismos bloquean la entrada. Buenos chicos.

Ahora intento hacer memoria para recordar quien estaba de turno hoy y entonces la veo. Sacha.
Sacha es…, no sé como decirlo. Sacha es esa diosa inalcanzable que protagoniza mis sueños más tórridos. Lamentablemente se comporta exactamente así, como una diosa frígida, sanguinaria y altiva. Que yo sepa no habla mucho, no intima con nadie y no soporta que alguien cometa el más mínimo error. Todo el que se ha atrevido a insinuarse con mayor o menor descaro ha salido escaldado y frecuentemente con alguna pieza dental menos. Pero en mi mundo onírico mando yo y allí ella es mía. Aunque esto debe seguir siendo un secreto entre vosotros y yo.

Sacha con su largo cabello rubio ondeando suavemente con cada movimiento reparte hostias a diestro y siniestro. Cercena cabezas, pisotea cuerpos, agarra aterrados clientes y los lanza fuera de los dientes del podrido que les tiene acorralado. Y lo hace todo como si fuera una danza, sin siquiera despeinarse.

Mientras tanto yo también reparto lo mío. Debo de haberme cargado unos treinta pero no dejan de llegar. Seguramente lleguen refuerzos pronto, porque David, que estaba de guardia con Sacha, ha debido de avisar ya. Así que se trata de despejar la zona de clientes y eliminar a todos los podridos que podamos antes de que lleguen los de la Brigada de Desinfección.

He conseguido mantener mi zona limpia a golpe de hacha, no se puede decir lo mismo de mi porque estoy hecha un asco. Ahora estoy en lo alto del mostrador donde han colocado el árbol de Navidad y desde aquí tengo una vista completa del centro comercial. No se ve entrar más engendros y los pasillos están despejados, los clientes que quedan y que no han sido masticados deben estar en los probadores. Lo creáis o no los probadores son la zona más segura en estos casos, porque sus paredes están reforzadas y solo tienen una entrada que se puede bloquear fácilmente. Es lo que tiene vivir al lado de Arpa Corp, que uno se toma la seguridad muy en serio.

Estoy cubierta de sangre, nota metal “las hachas son efectivas para cortar cabezas pero terriblemente sucias, salpican en todas direcciones”. A mis pies, justo debajo del mostrador donde estoy subida tengo medio metro de cuerpos y cabezas de podridos apilados. Debo de mostrar una imagen repugnante.

Noto una mirada clavada en mi, miro hacia la derecha y encuentro unos ojos azul claro como el hielo. Mi diosa me está mirando y yo noto como me tiemblan las piernas.
En su boca hay algo que nunca antes había visto.

¡Está sonriendo!

Mi iceberg ruso, mi princesa de hielo me está mirando y sonríe. Como me gustaría pegarme para siempre a ese cuerpo gélido.

He debido de quedarme mirándola como una idiota, por que su sonrisa se ha hecho más amplia y me señala la entrada del almacén. Veo entrar a los de la Brigada de Desinfección. Al pasar a mi lado Eric me da un cachete en el culo, me río porque es algo que siempre hace, lo lleva haciendo desde que éramos críos y Eric además es mi único amigo, y uno de los pocos hombres que no se ha pasado por la piedra a Eva. Así que le saco la lengua y el me guiña un ojo. Pero cuando me doy la vuelta Sacha ha desaparecido.

La busco y la veo en el suelo abriendo los cuerpos para sacar los corazones y metiéndolos luego en la Unidad de Conservación. Así que me pongo manos a la obra, me coloco el traje especial, con los guantes incluidos y comienzo a destripar cuerpos. Es curioso ese empeño de Arpa Corp de querer recuperar siempre los corazones de los podridos. Los corazones tienen un color negro brillante y tiemblan ligeramente cuando los coges, como si tuvieran aún vida. Pero es nuestro trabajo y hay que terminarlo antes de poder liberar a los supervivientes de los probadores.

Tengo que preguntarle a Eric si sabe para que quieren esos corazones los de Arpa Corp. Si lo sabe, seguramente me lo dirá y si no siempre podemos hacer conjeturas juntos.

Alguien me da un golpecito en el hombro, miro hacia arriba y veo a Eric que viene a decirme que Eva está bien, aunque le ha dado 10 minutitos más para que termine los asuntos que se traía entre manos con el dependiente de la sección de videojuegos. Todo esto me lo dice aguantando la risa a duras penas. Y yo noto como me arden las mejillas, no lo puedo evitar, esta pequeña afición de Eva me trae de cabeza.

Eric se apiada de mi y me da un beso en la frente. Luego se queda mirando más allá de mi, a algo que hay a mis espaldas, entonces me sonríe, me guiña un ojo y se va.

Me doy la vuelta y me encuentro los ojos de mi reina de hielo clavados en mi. Por mi mente pasan unas cuantas escenas no aptas para menores en las que mi imaginación se desboca y el cuerpo de Sacha echa humo.

Sacha sonríe de nuevo. Dos veces el mismo día, increíble. Se acerca a mi, me roza el hombro con una mano y me susurra al oído, arrastrando las erres con esa voz helada y contenida que me vuelve loca. “Así que quieres derretirme, me encantaría dejarte intentarlo”.

Al final el día no va a acabar tan mal como pensaba. Me gustaría quedarme a charlar con vosotros pero mi témpano de hielo me arrastra de la mano y yo la sigo pacientemente intentando no abalanzarme sobre ella y montar un numerito en medio del centro comercial lleno de vísceras, sangre y cuerpos decapitados. Seguro que hay un sitio mejor para lo que tengo pensado y creo que tardaré en salir de allí. Si al final los de Arpa Corp, se dejan abierta la puerta de la planta -3 donde está esa especie de gran pulpo cabreado que capturaron el mes pasado, no contéis conmigo, tendréis que apañaroslas solitos porque presiento que estaré muy ocupada.

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4 comentarios

  1. Odio también los centros comerciales y en estas fechas aún más. A la hora de comprar prefiero callejear, ver una tienda, un paseito, otra tienda… Y si ya te pilla un día de lluvia, imposible estar en un centro comercial!
    Y por cierto, muy bueno el relato. Me ha recordado las típicas pelis de serie B…¿Se dice así? Es que ahora mismo estoy espesa y no recuerdo. Al final no fue un mal día…
    Besotes!!!

    • Escalpelo Literario

      Te doy toda la razón mejor callejear viendo escaparates entre paseito y paseito. Me alegro que te gustara el relato y sí, se dice pelis de serie B, se nota que soy fan de ese tipo de pelis. Besotes.

  2. Bueno, más que serie B yo he visto ahí mucho de urban con elementos que están o han estado de moda (chicas duras y zombis), pero ha sido una sorpresa encontrarme esta entrada, me esperaba una especie de relato de estrés navideño basado en hechos reales (espero que no esté basado en hechos reales…), y me encuentro una historia bien sintetizada y con ritmo excelente, ágil y con mucha acción, bien completada pese a que no es muy largo (eso para mí es muy jodido). Es un buen relato que te lleva bien de la mano hasta ese giro en el que cambia de tercio por completo, así que muchas gracias por este regalo prenavideño ;-)

    • Escalpelo Literario

      Joer, gracias. Me he emocionado y todo. ;) Y no no está basado en hechos reales, por más que refleje un deseo recurrente que tengo cada vez que piso un centro comercial atestado y es ver entrar una horda de zombies que lo despejen un poco. XD

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