Autor:Joe Hill
Título: Tiempo extraño
Edición: Nocturna Ediciones
Páginas: 568

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Leyendo este libro me he dado cuenta de que tengo un cierto problema con Joe Hill, he pasado de estar absolutamente entusiasmada, a que sus escritos me dejen un cierto regusto amargo. Y haciendo memoria me doy cuenta de que es una sensación que ha estado ahí desde casi el principio, pero supongo que no acababa de ser consciente de ello.
Resulta que Tiempo Extraño era lo que necesitaba para ver que en realidad Joe Hill no me gusta tanto como yo pensaba. Cosa que me da bastante rabia, todo sea dicho, porque de alguna manera quería creer que podría disfrutar de todos sus libros tanto como disfrute con El traje del muerto. Y no es así.

Esto en realidad casi es más culpa mía que suya. Yo comencé a leer a Hill con su libro de relatos titulado Fantasmas o con El traje del muerto. Digo “o” porque realmente no sé cual leí primero, pero esto se debe a que soy absolutamente incapaz de recordar ninguno de los relatos de Fantasmas, se que ya me pareció bastante irregular, que alguno me gustó bastante y otros nada, y pensé en ese momento que el nivel de los relatos era bastante variado, no para bien, pero lo achaqué a que quizá Joe Hill era un autor más de los que se manejan mejor en novelas largas. Si a eso le sumamos que casi al mismo tiempo había leído El traje del muerto, que para mí, aún a día de hoy es su mejor libro, eso acabó de afianzar ese convencimiento en mi.

Así que ahí estaba yo auto convencida de que todo lo que escribiera Hill con una extensión más o menos larga me iba a entusiasmar tanto como El traje del muerto, así que cuando eso no fue así, lo cual ocurrió cuando leí Cuernos, intenté convencerme que a lo mejor había heredado esa peculiaridad de su padre (Stephen King) de que algunos de sus libros se hagan un poco cuesta arriba en la primera parte, para dejarte sin aliento en su segunda mitad. Pero no. Lo que me ocurría es que sus historias, al igual que me pasó con ese primer recopilatorio de relatos cortos, me seguían pareciendo irregulares. Esto se confirmó definitivamente con Fuego.

Entonces ya me di cuenta que a todas sus historias parecía ocurrirles lo mismo. Fuego me gustó en su comienzo, hacia la mitad me pareció insufrible, aburrido y estuve a punto de dejarlo y hacia la segunda mitad parecía mejorar, unas páginas sí, otras no, hasta que el final (me refiero al final autentico pues hay un final y luego otro post agradecimientos y a ese me refiero) me pareció que se arreglaba la cosa. A todo esto sigo sin haber leído NOS4A2, precisamente porque todo el mundo comenta que es su mejor libro y yo pienso que puede ocurrir que no lo sea y pierda la ilusión definitivamente o que lo sea, con lo cual lo reservo para que me devuelva esa ilusión. De todas formas mientras me decidía llegó Tiempo Extraño y pensé que estaría genial volver a leer historias cortas suyas.

El problema ha sido que esa lectura, me ha confirmado todo lo dicho anteriormente. Tiempo extraño es una recopilación de relatos cortos muy irregular. Para resumir, hay un relato que me ha encantado, otro relato que me a parecido que está bien, sin más y los otros dos, de uno me ha gustado el final y del otro el principio. Y ya está. Creo sinceramente que si en vez de un recopilatorio hubieran hecho un libro solo con el primer relato hubiera estado bastante mejor, o incluso incluyendo el tercer relato, pero en cuanto a los otros dos son en el mejor de los casos olvidables (ya entiendo porque no soy capaz de recordar los relatos de Fantasmas) y en el peor de los casos soporíferos.

Pero como ya me he extendido demasiado en percepciones personales y generales, vamos a ir relato por relato a ver si consigo que entendáis el porqué de mi frustración.

Los relatos incluidos en Tiempo Extraño son los siguientes:

-INSTANTÁNEA

Es sin lugar a dudas el mejor relato de los cuatro, interesante, con una historia fascinante, con ritmo, mantiene el interés y su final es perfecto. No tengo ni un pero en cuanto a él. De hecho si el libro hubiera estado compuesto solo con este relato y le hubieran añadido unas cuantas ilustraciones hubiera sido suficiente.

En Instantánea encontramos a un niño gordito de 13 años, llamado Michael Figlione, que un día encuentra a su vecina, una mujer mayor llamada Shelly Beukes, pasando por delante de su casa descalza y con aspecto de estar bastante desorientada. La acompaña a su casa y en el trayecto ella menciona a alguien de quien parece que está huyendo al que ella llama “el hombre de la Polaroid”.

El marido de Shelly, que la ha estado buscando por todo el barrio le hace una propuesta a Michael para que cuide de ella cuando el no esté o tenga que salir, en cierta manera que sea su niñera como ella lo fue de él.

El problema surge cuando Michael tropieza en una tienda con un extraño hombre con una Polaroid y ocurre algo que acaba con una foto perdida en las manos de Michael, ahí es cuando empieza a darse cuenta que hay algo extraño con ese hombre y esas fotos. Y que quizá el miedo de Shelly no sea tan irracional como parece.

A partir de aquí el relato no solo sigue tan brillantemente como su comienzo si no que va “in crescendo” hasta llegar a un final que a mi me parece magnífico.
Merece la pena leer el libro tan solo por este relato.

-CARGADO

Aquí es donde empieza el problema. Si pensamos que el primer relato ya deja el listón muy alto, colocar este justo detrás no me parece la mejor idea. El problema principal de esta historia es que por un lado es el más largo de todos, unas 180 páginas de pura “nada”. Es aburrido hasta extremos insospechados, les sobran mínimo 150 páginas y para mi gusto solo tiene una cosa buena, el final, y realmente ni siquiera el final completo, si no concretamente la última frase que cierra la historia. Precisamente me gusta esa frase no por la frase en sí, si no por lo que significa y el efecto que produce al actuar como “he defendido una postura para al final dar el giro”, efectista sí, pero al menos eso funciona. Una pena que el resto del relato sea tan absolutamente aburrido.

Y es que de verdad, para decir que las armas son malas, y la gente que le gustan las armas son todos unos racistas psicópatas no hacían falta 180 páginas, porque al final de eso va el relato, no cuenta nada más. Si quería reivindicar algo, o posicionarse en contra de la violencia o las armas, o incluso hacer crítica social, que se yo, creo que algo como Rabia, escrito por su padre (King), es bastante más impactante y consigue un mayor efecto en ese sentido, aparte de estar mejor estructurado, y llevado a lo largo de la narración, todo sea dicho y con personajes trabajados (especialidad de King). Porque Rabia tampoco es un libro muy extenso ya que tiene unas 275 páginas así que Joe Hill ya puesto a hacerlo largo, al menos que hubiera tenido más sustancia.

-EN EL AIRE

Y después tenemos En el aire, que no es que sea la octava maravilla pero es una historia amena, con su justa medida de ponernos en situación de los personajes, sobre todo el principal, pero sin aburrir y sin perder de vista la historia. Quizá aun habiéndolo leído puede que no entendáis porque voy a decir esto, pero a mi me ha recordado a La Cúpula, una vez más de King. No digo que sea igual ni en personajes, ni en desarrollo, es solo como que al leer te viene el eco, sobre todo por el final. Pero no puedo decir nada para no destripar ninguna de las dos historias. Aun así yo creo que si este relato hubiera ido detrás de “Instantanea” lo hubiera disfrutado más. Ahora en retrospectiva al recordarlo no me parece mal, me ha gustado leerlo y me parece una buena historia.

En este relato comenzamos con unos amigos subidos en un avión porque van a lanzarse en paracaídas en honor a una amiga recientemente muerta. Nuestro protagonista principal, Aubrey Griffin, está muerto de miedo, no quiere saltar, pero tampoco quiere reconocerlo porque en el grupo va la chica de la que está enamorado en secreto o no tan secreto. Al final el quiere echarse atrás pero de repente hay un problema en el avión cuando pasan por encima de una curiosa nube, el instrumental queda como muerto y han de saltar de todas formas. Aubrey que va sujeto a su instructor realiza el salto, pero no llegan al suelo, se estrellan con la nube que es sólida, el instructor queda mal herido y Aubrey en un intento de ayudarle se desata del arnés que los une y el instructor junto con el paracaídas se desliza hasta el borde de la nube para caer por ella y aterrizar exitosamente en el suelo. El problema es que ahora Aubrey está solo en una nube que en realidad parece una nave, con una especie de sustancia algodonosa que lo envuelve todo y que parece leerle la mente y darle aquello que desea.

A lo que iba antes en cuanto a porque me recordaba a La Cúpula, solo por dos razones, primero porque al igual que los personajes de la cúpula, Aubrey está atrapado, no puede escapar, aunque esté al aire libre, está igual de atrapado que los personajes del otro libro, además corre peligro su vida (aire, alimento, etc), y comparte el hecho de quien o que lo mantiene cautivo. Pero en realidad la experiencia por la que atraviesa Aubrey en esa nube, le obliga en cierto modo a hacer un auto análisis de su vida hasta ahora y le ayuda a replantearse las cosas de nuevo, una especie de historia sobre la evolución personal de una persona pero enmarcado en una nube que no es tal.

-LLUVIA

Y este relato es el que más me ha fastidiado que sea como es. Me ha defraudado porque la idea me parecía genial. Pero el desarrollo, si bien no es tan aburrido como “Cargado” en parte porque es más corto y pasan más cosas, para mi gusto sobra la parte de la “búsqueda”, cuando lo leáis entenderéis a que me refiero. Y aquí viene lo gordo. Toda esa búsqueda, todos los soliloquios van enfocados a que Joe Hill haga discursos sociales por boca de la protagonista, que me parece genial que lo haga, que es su libro, pero hombre, es que todo está tan forzado y realmente es tan innecesario para la trama, que extenderlo tanto, hace que se pierda un poco la idea principal. De hecho, las cosas que pasan por el camino son hasta cierto punto innecesarias. A ver, que podría haber ocurrido lo mismo, pero sin divagar tanto. El ataque, el nuevo amigo que la ayuda, todo eso podía haber funcionado mejor sin emprender una caminata larguísima que no tiene mucho sentido.

Bajo mi punto de vista está todo como encajado a la fuerza, y el final es un poco forzado. Y no lo digo yo, lo dice el propio Hill al final del libro, ya que reconoce que escribió esta historia en plenas elecciones y que en principio iba a tener otro final pero que al ganar Trump decidió cambiarlo. Y eso se deja ver en la historia, está a pedazos, encajados un poco a la fuerza.

Y me da muchísima pena porque la idea es buenísima. Imaginad un mundo en el que de repente al empezar a llover, del cielo no cae agua sino agujas grandes, duras y afiladísimas. Lo que podría haber dado se si esa idea, el peligro de la lluvia, el problema de que no hubiera agua, etc. Pero no. Al final es solo una buena idea mal ejecutada. Una lástima.

Para concluir; aun así recomiendo el libro pero principalmente por el primer relato “Polaroid” y también bien pensado por “En las nubes” que la verdad es que no está mal. Pero los otros dos, ya se que para gustos los colores, pero es que ni color tienen.

 

LIBROS LEÍDOS 2018

 

 

 

1- Canción de Navidad (Charles Dickens)
2- Humor cósmico (Varios autores, compilador Joe Haldeman)
3- Sin alma [El protectorado de la sombrilla 1] (Gail Garriger)
4- Sin Cambios [El protectorado de la sombrilla 2] (Gail Garriger)
5- Sin Culpa [El protectorado de la sombrilla 3] (Gail Garriger)
6- Hilda y el Trol (Luke Pearson)
7- Hilda y el gigante de medianoche (Luke Pearson)
8- Sin Corazón [El protectorado de la sombrilla 4] (Gail Garriger)
9- El curioso caso del licántropo que no lo era, la momia que sí y el gato en el tarro [El protectorado de la sombrilla 0.5] (Gail Garriger)
10- La excursión (Gerald Durrell)
11- Hilda y bosque de piedra (Luke Pearson)
12- Hilda y la cabalgata del pájaro (Luke Pearson)
13- Hilda y el perro negro (Luke Pearson)
14- Tenue (Javier Vivancos)
15- Johnny y los muertos (Terry Pratchett)
16- Romeo y Julieta (William Shakespeare)
17- Hamlet (William Shakespeare)
18- El sueño de una noche de verano (William shakespeare)
19- Macbeth (William Shakespeare)
20- El forastero misterioso (Mark Twain)
21- Carbono Alterado (Richard Morgan)
22- Horrorstör (Grady Hendrix)
23- Diario de Greg 13 Frio total (Jeff Kinney)
24- Nick y el Glimmung (Philip K. Dick)
25- Un fragmento de noche en un frasco (Daniel Hernández Chambers)
26- Dirk Gently, Agencia de investigaciones Holísticas ( Douglas Adams)

Siempre comienzo con una explicación aunque creo que en este caso no es necesario. Este también es un texto escrito hace algunos años. No está demasiado pulido pero me gusta que sea así porque tiene algo de la precipitación e impulsividad de lo que pretende expresar. En realidad no es más que un breve texto condensado sobre la justicia, el ojo por ojo o como frenar a aquel que no lo hará por si mismo. El mal puro merece probar su propia maldad. ¿No es así?

 

LA SESIÓN

 

Se humedeció los labios saboreando ya las deliciosa sesión que le esperaba. Se había desnudado y observaba su cuerpo delante del espejo. Caminó entonces hasta la joven que le esperaba ya preparada, completamente desnuda, lista para él. La chica ofrecía una imagen absolutamente subyugante atada y amordazada. Podía ver el terror en sus ojos y eso le excitaba. Pensó en que quizás podría quitarle la mordaza para poder oír sus gritos pero decidió que ya había tenido malas experiencias por confiarse y pensó que incluso amordazada oiría sus gemidos roncos, mientras el se deleitaba con su cuerpo, poco a poco sin prisas, saboreando cada instante.

Cogió uno de los afilados bisturíes y se acercó lentamente a la muchacha. Sus pezones brillaban rodeados por las ligaduras que mantenían sujetos sus exuberantes pechos. Los contempló detenidamente, recreándose en los detalles. Puso el bisturí en contacto con la aureola del pezón e hizo un limpio corte. Oyó el gemido sordo de la muchacha, pero inmediatamente sintió un dolor en su propio pecho, alrededor de su propio pezón. Vio como la sangre corría por el pecho de la joven y observo su propio pecho pero estaba intacto, aunque un dolor sordo y lacerante palpitaba en él.

No quiso pensar más en eso y deslizó suavemente el bisturí sin hacer presión, acariciando la piel a lo largo del cuerpo de la chica, hasta llegar a su pubis. Entonces practicó otra incisión desde el inicio del pubis hasta la misma vulva, creando un riachuelo rojo que descendía entre sus hermosas piernas. En ese mismo instante se dobló por la mitad y dejó caer el bisturí al suelo. Un dolor lacerante y palpitante se apoderó de su pubis llegando hasta la misma base de su pene. Miro esa zona mientras jadeaba intentando disminuir el dolor pero su pubis estaba intacto, al igual que su flácido pene. La piel seguía tersa y lisa sin marcas ni incisiones.

Sin poderse controlar se puso furioso, quería disfrutar de su sesión y no estaba siendo así. Se enfureció de tal manera que perdió el control y comenzó a golpear a la muchacha en la cara. Descargaba puñetazos mientras veía como su rostro se iba amoratando y oía sus gemidos desgarradores a través de la mordaza. Pero con cada golpe él mismo sentía un dolor insoportable, un impacto brutal en su propio rostro. No necesitó espejos para saber que su rostro seguiría limpio sin marcas mientras que el de la muchacha iba amoratándose y convirtiéndose en pulpa a medida que los golpes impactaban en ella.

La muchacha dejó de quejarse y él, preso de una rabia sin limite, rodeó su cuello con las manos dispuesto a acabar con esto de una vez. Esa sesión había sido un fracaso, no le había proporcionado ni siquiera una mísera erección, no había placer y eso era culpa de esa puta, era culpa suya y tendría que buscar otra mujer con la que jugar. Lo mejor era acabar con esta de una vez por todas.

Apretó su cuello cada vez con más fuerzas mientras sentía un ligero mareo, pero no cesó en su presa, continuó apretando de forma casi espasmódica mientras comenzaba a ver borroso, mientras notaba como se dejaba ir sabiendo que nunca podría parar. En ese momento en sus ojos vidriosos se formó la imagen de un rostro de mujer con unos ojos verdes que destilaban fuego e ira momentos antes de que se apagaran para siempre y fue entonces, en su último segundo de consciencia, cuando recordó las últimas palabras, a modo de maldición, que gritaba ahora en su memoria aquella salvaje mujer. “Tu serás tu próxima víctima.”

Hace mucho tiempo, de hecho varios años, que escribí este “relato”. Creo que es uno de mis escritos más personales, sin embargo ahora no consigo recordar si llegó a publicarse en alguna otra web. En realidad ha permanecido olvidado en algún rincón de mi ordenador y solo lo he recordado recientemente por dos circunstancias. La primera fue una conversación con un amigo sobre una de las novelas que está escribiendo a raíz de lo etéreo que se menciona en ambas historias. Por otro lado vino de nuevo a mi mente en una situación más triste y repentina, el fallecimiento de una persona a la que apenas acababa de conocer pero que en tan poco tiempo marcó mucho mi vida. Es a esa persona a la que ahora va dedicado este relato.

A la memoria de E.G. que ya llegó a casa.

 

AL FIN

 

Tenía los ojos cerrados pero no dormía. Aunque un extraño sopor la invadía y ella, perezosa, le permitía a su cuerpo impregnarse de esa agradable lasitud.
Sentía como el calor poco a poco abandonaba su cuerpo y era sustituido lentamente por una agradable sensación de frescor.
El fuego había consumido su cuerpo durante toda su vida y ahora, al fin, dejó que cada poro de su piel fuera refrescado por esa agradable y fría sensación.

Notaba como el cansancio que siempre había creído parte de si misma, como el peso que la oprimía a cada instante desde el primero de sus días se hacía más liviano.
Era como si alguien, primero le ayudara a soportar la carga de algo inmenso en su espalda para luego lentamente ir quitándoselo, hasta que al final el peso desapareció.

Se sintió ligera, casi como si estuviera hecha de aire, un aire fresco y maravilloso.
Sentía como si su cuerpo comenzara a elevarse y disfrutó un instante de la sensación.
Una alegría infinita se apodero de ella y entonces comenzó a abrir los ojos.
La incertidumbre ya no tenía cabida en ella. Sabia perfectamente que el momento tan deseado, había llegado al fin.

Abrió lentamente los ojos y no pudo evitar hacer un guiño y arrugar un poco su respingona nariz. Sonrió ante lo absurdo de su gesto. Quizás creía que una brillante luz la deslumbraría pero no fue así. Una hermosa bruma blanquecina la rodeaba y dejaba ver un entorno algodonoso y difuminado con una variedad asombrosa de tonos grises.
Alargó una mano como queriendo tocar la belleza vaporosa que la rodeaba pero al contemplar su largos dedos se detuvo.

Observo con atención, pero sin mucho asombro su translucida piel. Su cuerpo ahora de una blancura etérea confirmaba su, mas que sospecha, certeza de que ahora era el momento.
Notó entonces una presencia detrás de ella y esbozando una leve sonrisa se volvió.

-Así que por fin llegó la hora. ¿Verdad? .- Preguntó aunque conocía perfectamente la respuesta.

El joven que la miraba desde sus profundísimos ojos oscuros, no habló. Tan solo hizo un gesto afirmativo con la cabeza que hizo que su irrealmente liso y brillante cabello negro oscilara suavemente.

-Sabes que te llamé muchas veces.- Siguió diciendo ella mirando complacida el largo cabello de él. Casi sentía el deseo de perderse entre sus finas hebras .- Hace mucho tiempo que te esperaba.

-Entonces no era el momento.- Dijo él con una voz fría y susurrante como la caricia de un afiladísimo cuchillo.

-Supliqué tantas veces que todo terminara. Muchos dijeron que me esperaba el infierno. Ignorantes.- Continuó ella mientras sus ojos comenzaban a brillar con la intensidad de una tea ardiendo.

-Ellos no tienen por que saber.- El muchacho la miró fijamente mientras continuaba hablando.- Tú eres diferente. Tú estabas despierta. Nunca es fácil el camino para los despiertos. Pero has llegado. Has salido del infierno.

El muchacho de piel blanquísima extendió un finísimo brazo hacia ella diciendo:
-Ahora ya puedes acompañarme.

Ella tomo su mano y se acerco lentamente a él .
El abrazo que tuvo lugar entonces surtió el mismo efecto que el agua fría en un día especialmente caluroso.
Todo el fuego, todo el peso, todo el dolor, desapareció en el acto y su pecho estallo de alegría.
Le miró fijamente una vez más y no dijo nada, no hacían falta más palabras. Por fin estaba en casa.